Segunda carta de Kate a Ben:
17 de abril de 2018
Querido Ben:
¡Lo siento, lo siento, lo siento! Se que hace casi un año que no te escribo y que además has intentado tener noticias mías, te lo agradezco, pero no he podido contactar contigo porque todo hasta ahora ha sido un auténtico caos. En esta carta continuaré relatándote la historia de Sophie, pero estate atento a la siguiente, en ella yo paso a formar parte de esta ilusoria, extraña y poco creíble historia. Y no te miento al decirte que empiezo a dudar hasta de mi salud mental (pero no te preocupes que todavía estoy cuerda). Además te adjunto otro manuscrito redactado por la propia protagonista y que me dejó en mi habitación un par de días después de hacer la grabación que te llevó personalmente el profesor, espero que no se hiciera el misterioso.
No se con precisión cuando te llegará la segunda carta ten paciencia.
Kate Walter.
En esta especie de carta te relataré, Kate, mi estancia en la universidad.
Conseguí una prestigiosa beca para poder acceder, ya que, debido a la muerte de mi padre hacía pocos meses, mi familia contaba con poco dinero. Pese a todo ello pude estudiar biotecnología en una universidad del centro de Londres. Para ello tuve que dejar a mi amado hogar y a mi querida familia. Estuve dudando varios meses en tomarme un año sabático debido al fallecimiento de mi padre y a la precariedad económica en la que estaba mi familia. Jules y yo tuvimos varios empleos para ayudar a mi madre y nuestro jefe nos planteó darnos un trabajo estable a ambos. No lo acepté porque Jules y Eli, me prometieron que se ocuparían de todo en mi ausencia en la universidad. Me insistieron tanto que los hice caso.
Nunca había estado en la gran ciudad y cuando llegué después de cuatro horas de viaje en autobús me quedé impresionada. Llegué la primera semana de septiembre y tuve la suerte de que hiciese muy buen tiempo. Todo era majestuoso; desde los grandes autobuses rojos que con su altura intentaban conseguir enseñar toda la ciudad a los turistas, hasta el viejo Big Ben que se proponía inculcarle algo de su sabiduría a la nueva atracción turística de la ciudad, el London Eye.
Comenzó el curso y pronto me dí cuenta que tenía muchas más aspiraciones que mis compañeros, desde la muerte de mi padre no dejaba de pensar en la posibilidad de intentar unir biología, medicina y tecnología para crear vida. Pregunté sobre esto a mis profesores y me dijeron que era posible, pero no con las técnicas de la actualidad. El último año de la carrera iba a la universidad como algo mecánico ya que estaba inmersa en las investigaciones y en el abanico de posibilidades que podría conseguir. Intentaba conseguir mediante la Inteligencia Artificial que las células se regenerasen, para que así creasen tejidos, órganos y finalmente que hiciesen funcionar todo el sistema. Pronto me di cuenta de que funcionaba, hice varios experimentos y pruebas intentando imitar animales, pero de tamaño reducido y pronto me di cuenta que iba por el camino adecuado. Estas reproducciones tenían la capacidad de realizar las mismas funciones vitales que un ser humano, pero descubrí un gran problema, la alta tecnología por alguna extraña razón desgastaba muy rápido las partes más "naturales" de los prototipos. Intenté arreglarlo de muchas maneras, pero nada podía con ello, frustrada me gradué y volví con mis seres queridos. En la universidad ningún profesor, alumno ni persona con el más mínimo conocimiento de ciencia había podido ayudarme. Cual fue mi sorpresa que a la semana de estar en casa Eli (que también acababa de finalizar su etapa universitaria en Oxford) me explicó de pasada su admiración por el mundo egipcio y los métodos de conservación que utilizaban para sus cadáveres momificados. Se podría decir que en ese momento se me encendió la bombilla y me puse a investigar, visité muchos museos, hablé con multitud de arqueólogos, pero ninguno supo sacarme de la duda. Pasaron años y mi investigación no avanzaba hasta que alguien me habló de una joven arqueóloga estadounidense que después de graduarse con honores lo había dejado todo para dedicarse con pasión a su trabajo en Egipto. Cuando leas esto entenderás mi interés en ti, Kate, ahora podría decirse que aparte de una gran profesional he encontrado una gran amiga y te digo con temor al rechazo que me acompañes en esta aventura y que me ayudes a encontrar ese componente que me permitirá otorgar la vida. Porque "¡Qué extraña cosa el conocimiento! Una vez penetrado en la mente, se aferra a ella como hiedra a la roca". Así que por favor, ayúdame, he empezado esto sola, pero ahora necesitaré tu ayuda.
Sophie Kenstein.
Estás desarrollando muy bien esa idea original que combina tradición y vanguardia. Eres una gran narradora. Me tienes enganchada a la historia.
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